#ModoDiálogo en Aysén: el liderazgo es con amor
La historia de Cecilia y su forma de vivir el liderazgo está marcada por el ejemplo de sus padres, por su infancia en Chiloé, por los juegos, los cantos y la vocación de servicio.
Hija de un profesor y de una asistente social, dice que heredó de ellos el amor, la alegría y la energía. Ella, se dedicó sobre todo a la crianza de sus 8 hijos, pero sin dejar nunca de lado la preocupación por los demás, lo que la llevó constantemente a realizar diversos trabajos con las comunidades, como por ejemplo talleres de autocuidado para las mujeres o de teatro para los adultos. Él, educador en todos los aspectos, no sólo se abocaba a enseñar las asignaturas propias de las escuelas, sino sobre todo a entregar herramientas para la vida.
Cecilia recuerda su infancia con cariño y ternura. Quisiera que más niños y niñas pudieran sentirse como ella durante los primeros años de vida, amada y feliz. “Pienso en cómo era yo cuando niña, qué me gustaba, y eso lo plasmo en mi trabajo”, nos cuenta. Por eso, canta mucho, tal como les cantaba su papá cuando caminaban a la escuela, a 1 hora de su casa. Le gusta contar cuentos a los niños y niñas, para que imaginen mundos mágicos. Los anima a imaginar y a crear, tal como lo hacía ella junto a sus hermanos, mirando por horas pasar las nubes y formando con ellas figuras encantadas.
Terapia de amor
“La mejor terapia para mí es el jardín. Aquí me enriquezco, me animo con las chicas (del equipo). Aquí bailo, canto, me siento bien con los niños y niñas”, nos cuenta. Hace apenas un mes falleció su esposo Ramón, el amor con quien compartió su vida por casi 40 años y con quien formó una hermosa familia, con 3 hijos y 2 nietas.
“Este es un momento difícil. Saco fuerzas de Dios y mi madre. Soy muy creyente. Creo que Dios nos trae con un propósito a esta tierra”, nos cuenta.
-Y ¿cuál es tu propósito?
“Dar amor. Soy querendona y a veces me paso”
Es por eso que su vida la ha dedicado a dar amor, como mamá, como esposa, como asistente de párvulos en diversos jardines, como monitora en talleres para mujeres, como voluntaria en el asilo de ancianos, como apoyo en un hogar para adolescentes.
En el jardín Nueva Esperanza, de Coyhaique, ya lleva 12 años trabajando como asistente de párvulos. “Mi papá decía que los niños tienen que aprender y ser felices y yo lo creo. Y en Integra tenemos ese lema, que queremos niños y niñas que aprendan felices y jugando. Y eso es lo que yo trato de hacer, jugando con ellos, entregándoles cariño y amor, para que aprendan a quererse”.


