No. El titular no es un error de tipeo ni que se quedó “pegado el teclado”. Es una realidad que día a día viven nuestros jardines infantiles, en lugares tan dispersos y disímiles como Til Til y Estación Central.
Y es que hoy en día nuestros jardines son espacios de diversidad e inclusión, niveles en que niños y niñas de distintas nacionalidades conviven y aprenden de la riqueza de sus culturas. Pero si con la mayoría de las culturas nos une un idioma materno en común, con nuestras familias haitianas la traba del idioma muchas veces se nos hace un escollo insalvable.
Ahí está uno de los nuevos desafíos que enfrentan nuestros equipos educativos. ¿Cómo lleno la ficha de inscripción, o le informo que su hijo o hija sufrió de vómitos? Y al revés, ¿cómo entender que hoy el niño o niña será retirado por su vecino?
A diario nuestros equipos tienen intervenciones cotidianas con todas las familias, pero con las familias haitianas la situación muchas veces se complejiza por no entender el idioma. Pero no es todo. Si es que declaramos que los espacios físicos de nuestros establecimientos son también protagonistas en los procesos de aprendizaje, ¿Por qué hablamos de hábitos prosociales, por ejemplo, y no también de “abitid prososyal”?
En la Región Metropolitana Norponiente ha sido paulatina la necesidad de encontrar herramientas que nos permitan comprendernos de mejor manera con las familias haitianas que no dominan el español. Por eso, en un trabajo en conjunto entre Camila Aranguren, Profesional de Inclusión, y Joseph Strauss, Encargado de Protección de Derechos, elaboraron un documento de apoyo para los jardines infantiles.
“Necesitábamos facilitar la comunicación con los apoderados, al ver que muchas veces otras herramientas como Google Translate no lograban transmitir la información de manera fided
igna, dificultando también la correcta comprensión de lo que se quería expresar”, cuenta Joseph.
“Le propuse a Joseph crear tablas de comunicación como las utilizadas en inclusión pero con la traducción en Kreyòl. Así surge un documento corto, apuntando a la portabilidad y facilidad de uso, con la lógica de poder enviar comunicaciones y entregar información puntual recurrente en el jardín, sin la necesidad de que los interlocutores se esfuercen en la pronunciación del idioma de su contraparte, y asegurando la comprensión del otro. De igual forma, esto apunta a la inclusión de las familias en el jardín infantil, al traducir también lugares del aula, permitiendo también la reafirmación del jardín infantil como un espacio educativo”, afirma Camila.
El material fue, a su vez, revisado y corregido por un profesor haitiano residente en Chile y por un chileno residente en Haití, asegurando así que las traducciones son fácilmente comprensibles para los apoderados.
El material fue presentado a las directoras de los jardines en una jornada y de inmediato tuvo una gran acogida. Los equipos ya lo están utilizando, y destacan que es un gran aporte a la comunicación y que los mismos apoderados han reconocido la importancia de este, fomentando el sentido de pertenencia con el jardín infantil.









































