Carta de un papá Integra
Elise Sommervil es papá de Eliamen, del nivel medio menor del J.I. Santa Rosa de Departamental. En septiembre escribió esta carta y entregó una copia a cada integrante del equipo educativo. "También nos entregó un presente a cada una y comentó que su familia ha encontrado cariño, respeto y apoyo en nuestra comunidad. Su familia es muy comprometida con la labor educativa del jardín. Él además nos ayuda como intérprete y traductor con las familias haitianas para eliminar el idioma como barrera en el vínculo con nuestras familias, y también participa en el consejo escolar como representante de las familias”, cuenta Lía Gajardo, directora del J.I. Santa Rosa Departamental, de San Joaquín.
Para mis queridas tías
Son las 8:30 de la mañana, y me veo arrastrando mis pies hacia tu clase. Estoy ocupado quejándome de cómo he estado despierto durante una hora sin haber dormido. Mientras tanto tú ya llevas aquí mucho tiempo… Encendiste las luces en tu sala de clase. Preparaste los juguetes, la comida y arreglaste una sala que pronto volverá a desorganizarse cuando lleguen los niños.
Entro al jardín y espero que me veas. Haces un buen trabajo al saludarme por mi nombre, aunque tengas otras treinta cosas más que hacer. Hay varios padres que dejan a sus hijos, uno de los niños está gritando, otro está empezando a preocuparse y otro necesita un cambio de pañal. Al mismo tiempo, le estás dando biberón a un bebé en brazos mientras consuelas a otro que no estaba listo para que sus padres se fueran.
Como si hubiera olvidado que cuidaste de mi bebé durante medio año, te recuerdo qué tamaño de biberón necesita, qué comida no puede recibir y a qué hora prefiere comer. Sonríes y tomas nota, aunque lo conoces a él y a todos los demás como a la palma de tu mano.
Antes de irme, paso una odiosa cantidad de tiempo besando a mi hijo, exprimiéndolo y rogándole que se comporte. Todo el tiempo te quedas sonriendo y prometiéndome que lo hará.
Cuando regreso, nueve horas después, todavía estás allí. Tu camisa está manchada, y tu cabello se despeinó. Tus pies están cansados y te duele la espalda por doblarte, levantarte y cargar niños todo el día. Pero tu sonrisa no se ha desvanecido. Me saludas y preparas a mi hijo para su viaje a casa, le cantas y le dices que es amado. Luego me voy, sabiendo que te veré de nuevo en unas horas… Pero, ¿y si no te vuelvo a ver?, ¿Qué pasaría si decides no regresar? Sería una pena no haberte dicho nada. Tengo mucho qué decir y agradecer.
Sé que estás cansada. Trabajas muchas horas, y tal vez no seas compensada adecuadamente. Ganas un salario pequeño, mientras intentas ahorrar para tu próximo sueño. Tal vez estás ahorrando para poder seguir estudiando, para comenzar tu propio negocio o para comprar un automóvil mejor. Sea lo que sea, me gustaría poder darte todo eso… El trabajo de tu vida está ayudando a mi hijo a crecer y no hay un precio a pagar para eso.
Ojalá te conociera mejor. Sabes todo sobre mi hijo y a veces se me olvida tu apellido. Tú entregas tu corazón y alma a los niños que ves todos los días, y me pregunto si tienes hijos propios. Tal vez has sufrido una pérdida. Quizás no puedes tener hijos. Quizás tienes tus propios bebés que ahora están lejos. Me duele el corazón saber que ocultas ese dolor todos los días.
Tus pies están doloridos. Estás cansada de lavarte la camisa del trabajo cada noche. Has estado recibiendo quejas por cosas sobre las que no tienes control. Pasas horas del día alimentando a los niños de otras personas, pero sólo te tomas un pequeño descanso para alimentarte.
Sé que estás agotada e indudablemente estresada, pero también sé que eres desinteresada. Eres creativa. Eres amable, gentil y generosa. Haces que mi hijo se sienta seguro y le das amor.
No es fácil para mí estar lejos de mi bebé. Tú lo sabes y por eso haces tu mejor esfuerzo por criar a mi hijo, para que sea el ser humano que quiero que sea.
Estás haciendo un buen trabajo. Ojalá recordara decírtelo más a menudo. Eres como los bloques con los que mi hijo ama jugar: adaptables, coloridos y llenos de potencial. Tu trabajo es el trabajo más importante en todo el mundo, y sé que no te agradezco lo suficiente.
Sinceramente,
Elise Sommervil, papá de Eliamel.






