“En Integra he vivido lo más lindo y lo más duro de mi vida”
“Llevo 26 años trabajando en mi jardín, el Sargento Candelaria de Huechuraba. Llegué en febrero de 1990, incluso antes del retorno a la democracia, y aunque he tenido ofertas laborales más ventajosas económicamente, al final siempre me quedo porque me gusta mi equipo de trabajo y, sobre todo, me importa trabajar con los niños y niñas de mi barrio, la población La Pincoya.
Llegué recién titulada de Asistente de Párvulos y mi primer trabajo fue acá, en el jardín. Pero era otro mundo, éramos un centro abierto y nos enfocábamos principalmente en el tema de alimentación. Me acuerdo que empecé ganando $5 mil, plata que a valor de hoy debe ser como $60 mil. También recuerdo que, una vez llegada la democracia, el “apadrinamiento” de las voluntarias se acabó y nosotros teníamos que ir a La Vega todos los días a pedir que nos regalaran comida para alimentar a los niños y niñas del jardín. Yo creo que de esos primeros años aprendí a trabajar con lo que hay, a adaptarme a la realidad para enriquecer nuestro trabajo educativo.
El gran cambio que vino con Integra fue la evolución desde la mirada asistencial a una visión educacional. Para trabajar la parte pedagógica, la institución ha invertido mucho en las capacitaciones y talleres para que los equipos educativos se perfeccionen. Yo agradezco mucho todo el perfeccionamiento al que he accedido gracias a Integra, soy una profesional más completa gracias a ello.
He visto crecer a muchísimos niños y niñas, pero lejos el que me marcó para siempre fue el Gabriel. Llegó al jardín chiquitito, era mi segundo año de trabajo. El papá del Gabriel era alcohólico y no tenía mamá, así que al poco andar él me tomó como su mamá. Yo siempre lo aconsejaba, le decía que no creyera que las cosas que veía de los grandes las tenía que repetir, que él podía hacer las cosas mejor. Estuvo conmigo 4 años y cuando egresó, mi mayor temor era que se perdiera en la vida… Pero gracias a Dios ha seguido un buen camino. Hoy trabaja, tiene dos niñas y todavía me dice “mamita” cuando me ve.
En estos 26 años he vivido los momentos más lindos y también los más difíciles de mi vida. En el aspecto personal, formé una familia e Integra me ha dado la estabilidad para educar a mis dos hijos. También, viví momentos súper duros, como mi primer embarazo o la muerte de una hija de una compañera o la enfermedad de otra colega del jardín. En todos los momentos duros, siempre he sentido el apoyo de Integra y eso una lo agradece y valora.


