“Lo más gratificante es ver cómo los niños que ingresaron en sala cuna, ahora han formado familia y me traen a sus hijos para que los eduquemos”
Casada hace 26 años con Gabriel, hace 26 años también ingresó a trabajar en la fundación Integra. Mabel Cifuentes, agente educativa del jardín infantil “Rayito de Luz” de La Calera, nos contó de su historia y cómo el año 1991 logró concretar el sueño de formar una familia y de trabajar con niños y niñas que han transformado su vida hasta el día de hoy.
En más de dos décadas perdió la cuenta del número de niños que han pasado por el jardín. Sin embargo, asegura que lo más gratificante es que muchos de esos niños, ahora son profesionales.
¿Cómo llegaste a trabajar en Integra?
Fue una casualidad de la vida. Yo era secretaria administrativa y trabajaba en la oficina de la fundación nacional de ayuda a la comunidad de la Municipalidad de la Calera y, entre otras cosas, les hacía los contratos a las “tías”. Estas oficinas provinciales cerraron y se me ofreció la oportunidad de trabajar en el jardín “Rayito de luz”.
¿Qué fue lo más complicado al momento de ingresar a trabajar al jardín infantil?
Comencé en el mes de enero y para mí era todo nuevo. Yo necesitaba trabajar porque me casaba en el mes de mayo y las “tías” de aquel entonces me ayudaron mucho. La primera vez que entré a la sala cuna me dio susto enfrentarme a esta gran responsabilidad de lograr concretar un vínculo con ellos, del manejo de grupo, sin embargo, me ayudaron mucho y me capacité.
En ese entonces y con la responsabilidad de asumir este nuevo desafío que la situó al centro de las primeras grandes trasformaciones en Educación Parvularia, Mabel comenzó sus estudios de técnico en auxiliar de párvulos. Asegura, que en los 90’ era otra época, con una mirada muy distinta de la educación en la primera infancia, hoy en cambio, los jardines infantiles y salas cunas de Integra dejaron de ser vistos como guarderías pasando a ser establecimientos educativos en donde, con amor, preocupación y actividades lúdicas, los niños y niñas aprenden, a través del juego, contenidos esenciales para la vida.
¿Qué es lo más bonito que recuerdas en estos 26 años de trayectoria?
Hay muchos niños que ahora son adultos y lo más bonito que rescato en estos años es que varios de esos niños y niñas que yo tuve dicen: “tía yo traigo a mi hijo para acá porque está usted y yo le tengo confianza”. A veces voy al centro y me toman la mano y me dicen: “tía se acuerda de mí” Es tan gratificante ver cómo los niños que ingresaron en sala cuna, ahora han formado familia y me traen a sus hijos para que los eduquemos.
¿Cómo ha ido avanzando la forma de educar en estos últimos años?
Hemos ido aprendiendo muchas cosas, ahora yo puedo decir soy una agente educativa porque estoy capacitada para ello. Mis estudios superiores, además de las continuas capacitaciones que nos brindan son de gran ayuda y este beneficio lo aplicamos directamente a los niños y niñas que asisten al jardín. Actualmente, estamos trabajando en la creación de nuestro proyecto educativo y estamos reconstruyendo la historia. De esto se trata, de siempre avanzar y mejorar pensando en los niños.
Mabel tiene un hijo que actualmente tiene 24 años y trabaja en la ciudad de Calama en el rubro de la minería, él como tantos otros niños de la zona, se educó en el jardín infantil “Rayito de Luz”, un jardín que hoy forma parte del proyecto de acceso universal, aumentando su cobertura de atención de 84 a 124 niños y niñas que podrán seguir desarrollándose plenamente en este jardín con historia.
¿Cuál es el mayor desafío que ves en lo más próximo?
En lo personal estamos enfrentadas a un gran desafío que es el aumento de cobertura y lo que espero es que las nuevas “tías” que ingresen al equipo sean igual de comprometidas con la educación y el cuidado de los niños que nosotras. Que formemos un equipo bueno para que nuestros niños y niñas puedan continuar aprendiendo jugando felices con material didáctico, juegos entretenidos y su estadía sea muy feliz, ese es mi gran sueño.









