La experiencia de seis jardines infantiles RMNP que abordaron el reingreso desde lo socioemocional
“Esta pandemia cambió el comportamiento y la rutina de todos los niños y las niñas de alguna manera. Notamos algunos cambios cuando retornaron: estaban más sensibles y con miedo, pero también vimos que necesitaban y extrañaban el jardín infantil para jugar y explorar su entorno. Nos pasa también que hay niños y niñas que no se quieren ir” explica Ingrid Cofré Perkins, Directora del Jardín Infantil Ayún Ayén de Lampa, uno de los seis de la RMNP cuyo sello PEI se relaciona con el aprendizaje socioemocional.
Fueron largos meses sin atención presencial regular en la mayor parte de los establecimientos educativos ubicados en la Región Metropolitana Norponiente. Las altas cifras de contagios, con los consecuentes cambios en las fases del plan Paso a Paso, dificultó la apertura continua de nuestros jardines infantiles desde marzo del año pasado. Por eso, una de las grandes interrogantes en la reapertura era el estado en que regresarían niñas y niños.
“Observamos que el uso de las pantallas generó un hábito difícil de erradicar, la autonomía de niños y niñas también se vio afectada, los hábitos de alimentación poco saludables generaban solicitudes como “quiero Chubi” o “quiero bebida”. Sin embargo, creo que son niños y niñas resilientes, porque fueron capaces de ingresar al jardín infantil tranquilos y felices” relata Jimena Cuneo Castro, Directora del Jardín Infantil y Sala Cuna Las Hortensias de San Bernardo.
Si una de las grandes interrogantes era el estado en que retornarían niñas y niños, una de las grandes certezas era que el proceso de adaptación sería respetando sus ritmos.
“Ha sido un proceso de retorno muy bonito y tranquilo, la adaptación de nuestros niños y niñas se ha dado de una manera respetuosa y fluida, quieren venir al jardín infantil y disfrutan en él” señala Karina Campos Aretxabala, Directora del Jardín Infantil y Sala Cuna Pequeños Tesoros de Independencia, quien precisa además que este año el proceso de adaptación fue más breve que en años anteriores.
Para el Jardín Infantil y Sala Cuna Millaray, de Recoleta, este reinicio fue “un proceso no muy distinto a años anteriores ya que, si bien existió más penita y llanto, con una rutina entretenida y gracias a la organización del equipo se logró un proceso de adaptación amable y respetuoso de sus tiempos de acuerdo a cada niño y niña” subraya Soledad Ramírez, Directora de este centro educativo.
Emociones y cultura del buen trato
Si bien es algo que se viene trabajando desde el año 2015 en la RMNP, el Departamento Regional de Educación de la Metropolitana Norponiente estableció que los aprendizajes socioemocionales eran uno de los elementos centrales a trabajar durante este año, tanto en la modalidad presencial como a distancia, apoyando a través de distintas orientaciones y recursos para potenciar estos aprendizajes vitales para una convivencia armónica, consigo misma/o y con otras personas.
Favorecer el reconocimiento de las emociones, el uso de zonas y ambientes educativos, así como el vínculo con personas adultas son parte de las acciones que han implementado los seis jardines infantiles.
“Abordamos el aprendizaje socioemocional a través del trabajo en hábitos, normas y plan de convivencia. A eso se sumamos los tableros en sala, donde las emociones están en forma gráfica, niñas y niños se acercan a ellos y señalan cómo se encuentran, comentando libremente” explica Lorena Aguirre Farías, Directora del Jardín Infantil Carolita de Cerrillos, “un aspecto fundamental ha sido el vínculo entre personas adultas y niñas y niños, siendo nuestra prioridad conocerlos y acogerlos” recalca.
“Buscamos favorecer el reconocimiento de emociones a través de la verbalización, gestualización e identificación de rasgos faciales, conociendo las emociones en sí mismos y en los demás” destaca Génesis Calderón Maturana, Directora (s) del Jardín Infantil y Sala Cuna Mäilén de Maipú. Otros recursos utilizados son “cuentos, canciones que hablen de las emociones, monstruos de colores, caretas faciales o bolsa del enojo” detalla Ingrid Cofré.
“En el aula se aborda con adultos sensibles y respetuosos de las necesidades y emociones de los niños y niñas, conteniéndolos física y emocionalmente” explica Soledad Ramírez. Destaca también el uso del emocionómetro y el rincón de la calma, recursos que también utilizan en Las Hortensias donde recuerdan que “el rol del adulto que acompaña es fundamental, por eso también nos capacitamos para que el aprendizaje emocional se realice con el ejemplo de una tía empática, conectada, respetuosa, amorosa con las necesidades de cada niño y niña” detalla Jimena Cuneo.
Se trata de un trabajo que involucra a las familias y se realiza de forma transversal en todas las actividades del día “como equipo respetamos cada una de las emociones que sienten niñas y niños, y les acompañamos a vivirlas, conocerlas y regularlas, pero por sobre todo, a validarlas, con esto creamos vínculos afectivos con cada uno de ellos” puntualiza Karina Campos. Lo que se busca es “generar en todo momento una cultura de buen trato desde las emociones” finaliza Ingrid Cofré.



