La historia de María Elena y Nancy: 38 años de cariño y vocación en la Norponiente

Llegaron al centro educativo, ubicado en Independencia, en 1985. Como una manera de reconocer su trayectoria, su compromiso y entrega hacia niños y niñas, es que les contamos aquí parte de la historia de estas dos técnicas en párvulos: Nancy Donoso Díaz y María Elena Márquez Colina llevan una vida entera trabajando en el Jardín Infantil Dra Eloísa Díaz.
Por : Pilar Zapata Coloma | 11 Diciembre 2023 | Sin comentarios

Era mediados de la década de los ’80 cuando llegaron hasta lo que entonces era un centro abierto que atendía a familias del sector, la mayoría de las cuales vivía en cités y trabajaba en el Cementerio General. Los años han pasado rápido. Han cambiado las características de las familias –la mayor parte trabaja en otras comunas, ahora con padre y madre fuera de la casa o han migrado desde otros países-, lo cual es solo un reflejo de los cambios que ha tenido la sociedad entera. Pero tal como hace 38 años, María Elena y Nancy continúan a diario trasladándose desde Pedro Aguirre Cerda a Independencia, movidas por el compromiso de quienes llevan toda una vida trabajando en lo que les satisface.

Estudiaron, tuvieron a sus hijos y formaron sus familias en este periodo. Y como casi ya serán cuarenta años de servicio, han atendido a hijos e hijas de quienes alguna vez fueron niños y niñas del centro educativo. A veces los saludan sin reconocerlos, pero ellos sí lo hacen con agradecimiento y cariño. Han visto los cambios generacionales. Autonomía, independencia y manejo tecnológico son quizás los que más han observado en párvulos y párvulas durante estas casi cuatro décadas.

A María Elena siempre le gustó trabajar con niños

“Los niños de ahora hacen ellos sus cosas, los de antes no, les dábamos las cosas listas. Ahora ellos deciden. Los de antes igual salían bien preparados, igual que los de ahora. Pero antes eran más tranquilos, vivían en casas. Ahora viven en departamentos, unos cuadrados chiquititos, entonces no tienen espacio para nada. Aquí vienen y juegan, se ponen más inquietos porque tienen más espacio. Son alegres igual que antes. Encuentro que no hay diferencia en esa parte” explica María Elena.

Llegó a trabajar cuando tenía recién 22 años, gracias a un dato que tuvo su mamá, que en ese tiempo era estafeta en la Intendencia Regional. María Elena había estudiado para Técnico en Párvulos, pero no pudo terminar y se empleó en el centro abierto, atendiendo al nivel Medio Menor. Con el tiempo culminó su carrera, gracias al Crecer Más.

“A mí me gustaba trabajar con niños, en mi casa cuidaba los hijos de los vecinos, les enseñaba (se ríe). Los vecinos ya sabían que a mí me gustaban los niños, así es que tenían confianza en mí y me los dejaban. Les enseñaba a estudiar y los llevaba al colegio también. Siempre me gustó que fueran aprendiendo” relata.

De carácter alegre, María Elena siempre se caracterizó por cantar y bailar con niños y niñas. Dice que le gusta transmitirles cariño, confianza y respeto, que se vayan bien preparados al colegio. Y, en el fondo, cuidarlos como si fuesen sus propios hijos.

“Aquí los papás vienen a dejar a los niños, confiados en que una los va a cuidar y eso es verdad: acá los cuidamos como si fueran nuestros hijos. Hay que tener vocación para cuidar a los niños. Por eso, las personas que trabajen en jardines deben tener cariño hacia los niños, darles confianza y enseñarles a todos, no dejar algunos a la deriva o se encargarse solo de algunos. Son todos a los que hay que transmitirles amor y respeto” sostiene.

Nancy y el desafío de estar siempre actualizándose

No se imagina en otro trabajo: ni fábricas ni oficinas, está segura que se ahogaría. Dice que nada se compara a la autenticidad que tienen niñas y niños. Incluso, cuando Nancy era pequeña, soñaba con ser profesora. Siente que lleva toda la vida haciendo lo que siempre soñó.

Llegó al Eloísa después del terremoto del ’85, cuando su marido estaba sin trabajo. Entonces la contactaron porque se requería una persona a cargo del aseo del centro abierto. Con el tiempo estudió en el Crecer Más y obtuvo su título de Técnico en Párvulos.

“Para mí trabajar aquí ha sido toda mi vida. Perfeccionarme, actualizarme y tratar de sacar las metas que a veces una mismo se propone. Aquí se tienen que lograr metas a nivel personal, por ejemplo, que los niños vayan bien preparados al colegio, que no les digan ‘Y ustedes ¿a qué fueron al jardín?’ Que reconozcan letras, sepan cantidades, escuchen un cuento y lo comenten, eso son logros muy grandes. Por ejemplo, en hábitos higiénicos, hay niños que nunca han ido al baño y lograr eso es satisfactorio, lo mismo que sepan abotonarse el delantal o guardar cosas en su mochila, los hace ser autónomos y si eso para mí se logra, es muy bueno” explica.

Nancy continúa actualizándose. Intenta estar al día en los dibujos animados que ven niños y niñas, aunque no siempre le gustan, solo para poder conversar y opinar con ellos. La tecnología y los cambios en las familias también han sido desafíos que se han dado con los años. Enseñar la propia cultura, conocer las que han llegado al jardín infantil desde otros países, respetar y valorar son aspectos en los que han avanzado como comunidad educativa.

Le encanta su trabajo y se siente muy bien con todo el equipo. Pero a veces siente que ya es tiempo de ir preparando su retiro.

“De repente me digo que tengo que dejar esto y darle paso a la juventud. Pero voy a despedirme en buena, porque he logrado muchas cosas. Y hay que dar la oportunidad a la gente joven, a las nuevas ideas y buenas actitudes de otras personas. Todos tenemos un inicio, un desarrollo y un final y para eso hay que estar preparada. Y si eso una lo hizo bien, tiene que irse contenta con todo lo que trabajó” expresa.

Andrea Clandestino, Directora del J.I: “Estamos muy orgullosas de ellas”

Responsables, rigurosas y comprometidas. Con estas palabras, la Directora del Jardín Infantil Dra. Eloísa Díaz, Andrea Clandestino, destaca a María Elena y Nancy, partes fundamentales del equipo del centro educativo.

“Siempre han tenido una muy buena permanencia, porque les preocupa mucho que día a día los niños aprendan. Cuando, por ejemplo, tienen que pedir permiso, es siempre muy breve, porque tratan de estar en las experiencias, de poder aprender, actualizarse y ver cómo llegar a ellos, cómo hacerlo mejor” sostiene Andrea, expresando que con su trabajo, ellas demuestran que es posible entregar una educación de calidad.

“Quiero decirles que estoy muy agradecida por todo lo que han hecho. Sé que llegará un momento en que dejarán su legado y se escucharán sus voces y canciones. Quiero que sepan que han dejado huella en cada niño, niña y familia que ha pasado por aquí, que las quiero mucho y las reconozco” expresa.

 

 

Revisa esta y otras notas de la Región Metropolitana Norponiente en el boletín n°41, correspondiente a noviembre de 2023

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