Rescatar el valor de los abuelos y abuelas como portadores de la historia y raíces de la sociedad, junto con motivar el intercambio generacional para favorecer el desarrollo pleno de los niños y las niñas en un período en donde se aprenden las normas, valores y significados culturales. Ese fue el objetivo que se propusieron los jardines infantiles Sonrisas de Niños y Alberto Hurtado, de Tierras Blancas, Coquimbo, para celebrar el Día del Abuelo y Abuela, que se conmemora este 15 de octubre en el país.
En Sonrisas de Niños la actividad estuvo liderada por Andrés Narea, abuelito de Benjamín Galleguillos, quien relató a los niños y niñas sus juegos de infancia, contó que nunca pudo hacer bailar el trompo y que disfrutaba construyendo balsas para lanzarse río abajo en La Serena, junto a sus amigos. ¿Si permitiría que su nieto hiciera esas travesuras hoy? “Probablemente no”, responde, pese a que hubo coincidencia entre los abuelos y abuelas presentes que hoy su principal función es regalonear y consentir a los hijos de sus hijos.
Don Andrés ya tuvo dos nietas en el establecimiento y hoy su rol activo es con Benjamín, quien asiste al nivel medio. “Todo el tiempo hemos participado con mi señora, nunca hemos faltado cuando nos han pedido la colaboración, siempre estamos presentes y nos gusta participar en esto”, comenta después de haber enseñado cómo se juega a las bolitas. Fue furor.
Carmen Gloria Salamanca, Directora Regional de Integra, visiblemente emocionada explicó que su presencia en la actividad responde más bien a su rol de abuela. “Desde que nació mi nieta Maite, que tiene 5 años, la vida me cambió del cielo a la tierra, yo la adoro”, dijo. Y así fue como los abuelitos y abuelitas presentes comenzaron a compartir anécdotas de sus nietos, mientras recibían regalos por parte de los niños y niñas: hubo collares de papel, tarjetas, bailes y canciones.
Don Andrés, para cerrar el pequeño pero significativo evento, leyó un poema de su autoría llamado “Manos heladas”, inspirado en lo que implica una vejez solitaria. Su intervención invitó a la reflexión y a la responsabilidad con los mayores. “No hay nada más hermoso en el mundo que la sonrisa de un abuelo”, decía la poesía.
En el jardín Alberto Hurtado
En Alberto Hurtado cada nivel tenía uno o dos invitados estelares. Silvana Muñoz, por ejemplo, era una de ellas. Es la abuelita de Kiara Zepeda y fue preparada al jardín infantil con un bolso con juegos para compartir: había muñecas y tacitas para armar una casa junto a sus amigas. También había una cuerda para saltar, “porque este juego nos permite jugar todos juntos y es muy entretenido”, dijo mientras saltaba junto a las agentes educativas.
“Tengo una sola nieta, Kiara. Ahora estaba sintiendo que es verdad que uno se pone chocha con los nietos, quiere hacer lo que no pudo hacer con los hijos, darse más tiempo, es bonito, es maravilloso. Es un lazo fuerte, es como ver a mi hija chiquitita igual”, señala Silvana.
En todos los patios había actividad. Mientras algunos se preparaban para el almuerzo junto a las abuelitas, otros jugaban a las bolitas con los abuelos. Sin duda una experiencia gratificante para niños y adultos.


