El proceso de adaptación a las actividades educativas y rutinas escolares no solo impacta a los niños y niñas, sino también a todos los miembros de la familia. Por ello, es importante que los adultos responsables estén dispuestos a adaptar la dinámica familiar para propiciar un adecuado retorno a las actividades tras el fin de las vacaciones de invierno.
La educadora de párvulos Susana Veas, directora regional de Integra, explica que una de las recomendaciones principales para este proceso es hablarles con la verdad, explicarles que se terminaron las vacaciones, pero a la vez transmitir tranquilidad, manifestar el apoyo de la familia y destacar todas las bondades de jugar y aprender en el jardín infantil o la escuela con sus educadoras, profesores y compañeros.
El receso de actividades por vacaciones de invierno fue tiempo suficiente para que niños y niñas adquirieran una rutina distinta a la acostumbrada, por lo que la ansiedad y el temor son emociones que se pueden presentar durante los primeros días del regreso a los establecimientos educativos.
Así como los lactantes y párvulos pueden experimentar angustia por la separación de los adultos que los cuidaron y con quienes, probablemente, pasaron la mayor parte del tiempo, lo mismo puede suceder con las mamás, papás y otros integrantes del grupo familiar que pueden tener sentimientos de culpa por dejarlos. La clave es anticipar estos cambios y estar alertas a las modificaciones en la actitud de niños y niñas.
Podemos apoyarlos ajustando paulatinamente las rutinas y horarios, por ejemplo, los horarios de comida o de irse a dormir. La idea es ir retomando los horarios lo más similar a como ocurren en el establecimiento.
“Cuando niños y niñas vuelven a sus establecimientos después de las vacaciones se produce un proceso de resocialización con sus pares, a través de interacciones que pueden ser mediadas o no por los equipos educativos. Estas experiencias serán un pilar para sus relaciones futuras, así como para sus procesos de adaptación social y cultural”, sostiene Susana Veas.
Durante los primeros días, es común que los equipos educativos de las salas cuna y jardines infantiles implementen diversas estrategias y planifiquen actividades lúdicas para propiciar que niñas, niños y bebés se sientan cómodos en el nuevo entorno y disminuyan su ansiedad.
Para la mayoría de los niños y niñas, el retorno a las aulas será un proceso de continuidad luego del receso invernal. Aunque también, puede ser la primera experiencia de cuidados con un adulto diferente a la familia nuclear, y en este caso puede que la adaptación requiera más apoyo y contención.
Los adultos somos modelos de los niños y niñas. Todo lo hagamos o digamos podría ser imitado. Por eso, es fundamental que nuestras actitudes sean positivas e inviten a vivir este proceso como una oportunidad de conocer nuevas experiencias y personas, aprender nuevos juegos y compartir con otros niños y niñas, entre otros.
Entre los factores que inciden en el éxito del proceso de adaptación está la tranquilidad que los padres o adultos responsables les transmitan a los niños y niñas, antes, durante y después de la transición. Además, se debe tomar en cuenta la personalidad y carácter de niñas y niños, que desde temprana edad pueden dar signos de mayor independencia o, por el contrario, de una menor capacidad de adaptación a nuevos escenarios, aunque es importante recordar que no hay un tiempo asociado al periodo de adaptación y va a depender de cada persona.
En definitiva, el trabajo coordinado entre familias y equipos educativos hará que este retorno a las salas cuna y jardines infantiles sea una experiencia de aprendizaje y desarrollo para todos los involucrados.
Algunos tips:
- Hable con el niño y niña sobre el proceso que vivirá y explíquele con palabras simples que volverá a jugar con sus amigos del jardín infantil y a compartir con el equipo educativo.
- En la medida de lo posible, se sugiere que durante los primeros días de regreso al jardín los párvulos y lactantes vayan adaptándose paulatinamente a las rutinas, para moderar la ansiedad que causa la separación de la familia. Sin embargo, debe ser un proceso continuo, todos los días a la misma hora, para entregar certidumbre y predictibilidad al niño.
- Recuérdele que regresa a un espacio seguro, donde lo cuidarán y tendrá la oportunidad de jugar con sus amigos.
- Explíquele que puede llevar al jardín o sala cuna algún objeto con el que se sienta seguro y que le recuerde a su hogar. Por ejemplo, un juguete.
- Nunca le mienta ni le haga promesas que no podrá cumplir. No desaparezca de forma abrupta, diciendo cosas como “voy a comprar y vuelvo”. Estos mensajes generan ansiedad, porque el niño o niña espera que usted vuelva y harán que desconfíe de sus acciones en el futuro.
- Al retirarse del jardín infantil, diga adiós con naturalidad y enfatice el hecho de que volverá.


